Las Profecías del Tiempo Final
Os he hablado en tono profético y he preparado profetas en
este Tercer Tiempo para que os hablen de los acontecimientos que han
de ser, y la profecía es vuestro porvenir. El pasado, el presente
y el futuro son con vosotros, todo lo abarcan; es la eternidad que
Yo os concedo, en la cual vivís, de la cual Yo quiero que seáis dueños,
para que ya no poseáis solamente el tiempo material, ni seáis dueños
solamente de este mundo.
¡Ay del mundo! Está al borde de su abismo, va a apurar el gran
cáliz de la amargura hasta las heces y un gran ¡ay! de dolor tendrá
que exclamar para que pueda despertar.
De cierto, dice el Padre a su pueblo, que la Doctrina Espiritualista
Trinitaria Mariana, para el año 2000 estará extendida por todo el
orbe y habrá llegado a todas las naciones.
Pero este lapso de 50 años será de gran lucha para Israel. ¡Cuánto
es lo que debéis perseverar en las virtudes y la espiritualidad! ¡Cuánto
tendréis que luchar contra la idolatría y el fanatismo de las distintas
religiones, advirtiéndoos que ésto es el veneno más grande que pueda
sorprender a los hombres en la Tierra!
Mirad cómo ha despertado el espíritu de la Humanidad. Mirad cómo
todas sus congregaciones conmovidas se encuentran. Ved en cada religión,
en cada secta, un reino, un señorío; y todos esos reinos se levantarán
llamándose unos a otros a unificación, y como ninguno estará dispuesto
a doblegarse para acudir al llamado de los demás, vendrá la contienda.
Desaparecerán las palabras de amor para dar paso a los anatemas,
a las amenazas, a las condenaciones y a las excomuniones; todo eso
tendréis que contemplar, oh Israel.
Se desatarán las lenguas, se desencadenarán las pasiones humanas,
todos tomarán mi nombre, mi palabra y mis leyes para hacerse la guerra,
para combatirse, para exterminarse y humillarse.
¡Alerta, pueblo de Israel! Porque la Humanidad se levantará contra
sus propios ídolos, su fanatismo y sus tradiciones, y comenzará entre
las religiones el movimiento hacia el principio de espiritualidad.
Dejad que el pueblo judío vuelva a su antigua Palestina, Yo así
lo permito. Dejad que busquen allá sus tradiciones antiguas en los
lugares que ellos consideran sagrados. Dejad que erijan nuevamente
el Templo de Salomón. Yo tengo dispuestas las pruebas para su desengaño
y todo obedece, todo colabora con mis planes divinos.
Y cuando las grandes pruebas sean con ellos, entonces clamarán
por la venida del Mesías y sus voces estremecerán las bóvedas de su
templo, mas el Mesías no llegará entre ellos.
Irán por los montes y collados de Palestina; buscarán las tierras
que pertenecieron a las tribus de Jacob, la Judea y la Samaria, y
en ningún lugar podrán encontrar al Mesías ni señal alguna de su venida
y entrarán en congoja; despojados de sus bienes materiales, en su
desesperación invocarán a Jehová y entonces Jehová, en quien se encuentra
el Mesías y el Espíritu Santo, les hablará con claridad, por medio
de grandes acontecimientos.
Despertará entonces el pueblo judío, descansará de su larga jornada
y se unificará a la Humanidad con verdadera fraternidad espiritual.
Dejad que en el Cristianismo, tan dividido en diversas ramas desde
su principio, se levanten los unos contra los otros.
Dejad que unos pongan sus ojos en Roma, que las grandes caravanas
dejen su huella en el camino y crucen los mares. Dejad que lleguen
descalzos ante la Iglesia de Pedro, y mi divino silencio les hablará
grandemente a aquellos espíritus, pues tan sólo encontrarán oro, pompa,
galas humanas, rituales, liturgias y festines, mas todo lo mirarán
pequeño y pasajero.
Y aquellos símbolos que antes tan grandes les parecieran a los
hombres, serán vistos como pobres figuras que no tienen ni mi verdad
ni mi presencia. Y en la soledad de aquel silencio, retornarán.
Muchas calamidades vendrán sobre la Humanidad; en la Naturaleza
habrá trastornos, los elementos se desatarán. El fuego devastará comarcas,
las aguas de los ríos saldrán de su cauce, los mares tendrán cambios;
habrá comarcas que quedarán sepultadas bajo las aguas y nuevas tierras
aparecerán. Muchas criaturas perderán la vida y hasta los seres inferiores
al hombre perecerán. Todo será trastorno y confusión y si vosotros
no os preparáis desde ahora, seréis débiles en las pruebas y no sabréis
dar fuerza a los demás y así no podréis dejar un buen ejemplo a las
generaciones venideras, quienes deberán comunicarse Conmigo de espíritu
a Espíritu.
Yo os anuncio que aún veréis presentarse sobre este mundo las grandes
calamidades que serán la consecuencia del egoísmo y la ambición humanas,
de la falta de amor y de caridad.
Dejad que otros pueblos despierten para el nuevo tiempo al contemplar
las comarcas arrasadas por las aguas, las naciones destrozadas por
la guerra y la peste aniquilando vidas.
Esos pueblos, ensoberbecidos en sus ciencias y aletargados en el esplendor
de sus religiones, no reconocerán mi palabra bajo esta humilde forma,
ni sentirán mi manifestación en Espíritu; por tanto, antes tendrá
que conmoverse la Tierra y la Naturaleza dirá a los hombres: El tiempo
es llegado y el Señor ha venido entre vosotros. Para que la Humanidad
despierte, abra sus ojos y acepte que Yo soy quien ha llegado, antes
será tocado el poder y el orgullo del hombre; mas vosotros tenéis
por misión velar, orar y prepararos.
Profecías sobre los Elementos Desatados. El Caos.
Os hablo del dolor al que os hacéis acreedores, el que habéis ido
acumulando y que se desbordará llegada la hora. Yo nunca ofrecería
semejante cáliz a mis hijos, pero en mi justicia sí puedo permitir
que recojáis el fruto de vuestra maldad, soberbia e insensatez, para
que volváis arrepentidos a Mí.
Los hombres han desafiado mi poder y mi justicia al profanar con
su ciencia el templo de la Naturaleza en la que todo es armonía, y
el juicio va a ser inexorable.
Se desatarán los elementos, se conmoverá el Cosmos y se estremecerá
la Tierra. Entonces habrá pavor en los hombres y querrán huir, mas
no habrá dónde encaminar sus pasos; querrán detener las fuerzas desencadenadas
y no podrán, porque se sentirán responsables, y tardíamente arrepentidos
de su temeridad e imprudencia, buscarán la muerte para escapar al
castigo.
Tres cuartas partes del haz de la Tierra desaparecerán y sólo una
parte quedará salva para ser refugio de los que sobrevivan al caos.
Vosotros veréis el cumplimiento de muchas profecías.
Los elementos darán voces de justicia y al desatarse harán que
desaparezcan porciones de tierra y se conviertan en mar y que desaparezcan
mares y en su lugar surja la tierra.
Los volcanes harán erupción para anunciar el tiempo del juicio
y toda la Naturaleza se agitará y conmoverá.
La paz no está en las naciones. Aparentemente existe quietud en
las mentes de los hombres, pero la guerra está amenazando al Oriente.
En verdad, la guerra se desatará y el mundo se encontrará en desolación.
Esto pronto acontecerá.
Mis elementos se desatarán y asolarán comarcas. Los hombres de
ciencia descubrirán un nuevo planeta y una lluvia de estrellas alumbrará
vuestro mundo, pero esto no acarreará desastres para la Humanidad,
sólo anunciará a los hombres la llegada de un nuevo tiempo.
Vengo a daros estas profecías para que no os sorprendan cuando
acontezcan.
¿Qué haréis en ese tiempo, Israel, cuando veáis desatadas las fuerzas
de la Naturaleza, azotando a vuestros hermanos?
Verá este mundo la presencia de grandes terremotos; las aguas saldrán
de su cauce y partes del mar se convertirán en tierra y otras tierras
serán invadidas por las aguas. Los hombres saldrán de sus comarcas
y aun de sus países en busca de salvación. Las lluvias devastarán
muchas ciudades como en el diluvio del Primer Tiempo y sólo unos cuantos
escaparán a estos rigores.
¿Cómo recibiréis a esos seres que vendrán huyendo de tanta miseria
y dolor, buscando en esta nación el arca salvadora? ¿Sabréis acatar
mi voluntad y compartir vuestro pan y vuestro hogar con ellos?
Pronto principiará un tiempo de grandes acontecimientos para el
mundo: La Tierra se estremecerá y el sol hará caer sobre este mundo,
rayos candentes que quemarán su superficie; los continentes, de un
punto al otro serán tocados por el dolor; los cuatro puntos de la
Tierra sufrirán la purificación y no habrá criatura que no sienta
el rigor y la expiación.
De Oriente a Occidente se levantarán las naciones, desconociéndose;
y del Norte al Sur también se levantarán para encontrarse todos en
la encrucijada; con ese choque se producirá una inmensa hoguera en
la que arderá el odio, se extinguirá el orgullo y se consumirá toda
la mala yerba.
Todavía faltan los últimos combates con sus amarguras y los últimos
torbellinos. Falta aún que todas las fuerzas se agiten y los átomos
se remuevan en un caos para que, después de todo ello, venga un letargo,
una fatiga, una tristeza y un hastío que aparenten la muerte; y ésa
será la hora en que se escuche en lo sublime de las conciencias el
eco vibrante de un clarín que, desde el Más Allá, os anuncie que el
Reino de la vida y de la paz se acerca entre los hombres de buena
voluntad.
Y ante esa voz, los aparentemente muertos resucitarán, derramando
lágrimas de arrepentimiento, y a ellos los recibirá el Padre como
a los hijos pródigos cansados por la gran jornada y fatigados por
la gran lucha, para sellar sus espíritus con el ósculo de amor.
Profecías sobre el Mundo Restaurado. Después del caos.
Y después de este gran caos volverán las naciones a recobrar la
calma y los elementos naturales se aquietarán. Después de esa noche
de tempestad en que vive este mundo, aparecerá el iris de la paz y
todo volverá a sus leyes, a su orden y armonía.
Desde ese día, el hombre abominará la guerra, arrojará de su corazón
el odio y el rencor, perseguirá al pecado y comenzará una vida de
restauración y de reconstrucción. Muchos se sentirán inspirados por
una luz que antes no contemplaron y se levantarán a crear un mundo
de paz.
Será sólo el principio del tiempo de gracia, de la Era de paz.
La edad de piedra está distante ya. La era de la ciencia pasará
y luego vendrá a florecer entre los hombres la Era del Espíritu.
Veréis de nuevo el cielo limpio y los campos fecundos, las aguas
en su corriente volverán a ser puras y el mar será clemente; habrá
frutos en los árboles y flores en los prados y las cosechas serán
abundantes.
Y el hombre, que habrá sido purificado y sano, volverá a sentirse
digno y verá preparado su camino para su ascensión y retorno a Mí.
Todo será limpio y desmanchado desde su principio, para que sea
digno de poseer el nuevo tiempo que se acerca, porque he de cimentar
sobre bases firmes a la nueva Humanidad.
Hay muchos seres que sólo esperan el resurgimiento de la virtud
en este mundo para descender y cumplir la misión que Yo les he encomendado.
El reinado del mal, que por tanto tiempo ha imperado en este mundo,
está próximo a desaparecer, para dar cabida al reinado del espíritu,
al desatamiento de los dones y potencias espirituales que hay en el
hombre, por los cuales tiene un destino muy alto.