El Libro dela Vida Verdadera Utilice las flechas para leer el texto De Enseñanza 202 Enseñanza de Nochebuena 28 Nochebuena llamáis a esta noche los que recordáis cuando el Rabí llegó al mundo. 29 Bajo el influjo divino de esos recuerdos, los seres se acercan, se evoca al ausente, se perdonan las ofensas, se reúnen las familias, se visitan los amigos, se llenan de esperanza los corazones, todos parecen esperar algo desconocido que no aciertan a definir, en la noche en la cual los hombres ponen un poco de ternura en la dureza de su corazón y algunos un poco de espiritualidad sobre su materialismo. Mas Yo os pregunto: ¿Creéis que sólo esta noche sea digna de llamarse buena por los hombres? ¿No podríais, con un poco de amor, hacer buenas todas las noches y los días de vuestra existencia, a fin de que vieseis que toda la vida, sin excepción de un instante, es buena? 34 ¡Ah, si pudieseis venir Conmigo en espíritu y contemplar desde aquí toda la miseria de la Humanidad! 35 Si los poderosos, los ricos y los que viven rodeados de comodidades quisiesen estar Conmigo esta noche, Yo les llevaría en espíritu a los lugares de dolor y de pobreza que ellos no quieren ver. 36 Entonces les diría: Dejad por un momento vuestra fiesta y recorramos juntos los sitios donde viven vuestros hermanos los pobres; veamos cómo viven ellos esta noche bendita, de tristeza para unos y de festines para otros. No temáis, les diría, que sólo unos instantes os pido, y luego podréis retornar a vuestro festín y a vuestra alegría. Entonces les llevaría de sitio en sitio y les mostraría a una madre anciana, que en la soledad de su mísera alcoba llora la pérdida de sus hijos, que eran su esperanza, los cuales le fueron arrebatados por la guerra. 37 Esa mujer vive sólo de recuerdos y de oraciones; mientras hay muchos que llegan a embriagarse de placer, ella apura su cáliz de amargura. Su espíritu sólo espera la hora de dejar este mundo y penetrar en la eternidad, porque su esperanza en los hombres hace tiempo que ha muerto. 38 Después les mostraría a la niñez, vagando entre la Humanidad que no respeta la vida de su semejante, no ama ni comprende al necesitado. 39 Yo haría que esos hombres escuchasen las interrogaciones tan profundas de los niños, que en su inocencia humana se preguntan el porqué de tanta injusticia, de tanto odio, egoísmo y crueldad. 40 Luego les llevaría hasta aquellos lugares donde se ahogan los ayes y lamentos del enfermo, del que ha visto doblarse su cuerpo como se quiebra una rama cuando azota el huracán: son los enfermos, los vencidos, los olvidados. 41 Más tarde haría que las puertas de las cárceles nos dieran paso, para que contemplaran los millares de seres que han caído en las tinieblas del cautiverio por falta de amor, de caridad, de luz, de justicia, de paz. 42 Y así, de sitio en sitio, les presentaría en un solo cuadro toda la miseria y el dolor que han producido las ambiciones, la codicia, el odio, el materialismo y la sed insaciable de poder de los envanecidos con su falso señorío, de los que, creyéndose grandes, no lo son, ni dejan poseer a nadie lo que a cada quien en justicia le corresponde. 43 Pero no les llamo porque sé que aunque en su conciencia se escucha mi voz, se hacen sordos a ella. 44 Mas vos, pueblo amado, que me estáis escuchando, que sabéis de privaciones, de soledad, de frío y de orfandad también, y que, por tanto, vibráis junto con esa Humanidad que llora de hambre y sed de justicia, venid a Mí y juntos visitemos en espíritu a los enfermos, a los tristes, a todos los pobres y olvidados del mundo. 47 ¿Veis aquellas muchedumbres que llenas de animación se encuentran? Son soldados que han dado breve tregua a su combate para ofrendarme unos minutos de oración y de recuerdo, pero su alegría y animación son ficticios; comen y beben para calmar sus penas, mas en su corazón hay un gran dolor. Sufren, pueblo, sufren mucho y sobre todo esta noche que es para ellos de tortura; cada recuerdo es una espina, cada nombre o cada rostro que evocan es una herida. 49 Muchos de ellos sufren segando vidas, destruyendo hogares y ciudades, sembrando dolor, luto y lágrimas, y entonces creen haber perdido todo derecho a volver al hogar, a la paz, al seno de los suyos. 50 Yo sé que muchos de ellos no son culpables, no llevan odio ni perversidad en el corazón; sé que son víctimas, son esclavos e instrumentos de los verdaderos malvados. 51 Sólo Yo puedo rescatarlos, sólo mi amor puede cubrirles, están solos en el mundo. 53 Orad, pueblo, y con ello haced que el mundo espere la luz de un nuevo día; que los hombres recuerden mi promesa, aquélla que habla de tiempos mejores, de espiritualidad y bienandanza. 54 También a vosotros os digo: Vamos ahora al corazón de los niños y busquemos a aquéllos a quienes todo les falta. Miradles; duermen, en su sueño no hay reproches para nadie, aunque su lecho es muy duro. 55 La mesa hoy no tuvo pan; sin embargo, descansan confiados en el nuevo día. Visten harapos, mas no sienten vergüenza, porque son inocentes y sonríen aunque a sus cuerpos les falte calor. Son ángeles en la tierra, porque en sus sonrisas sin maldad reflejan algo de la pureza de los Cielos. 56 ¡Oh, inocencia! ¡Cubridles con vuestro fino manto porque de ellos es el Reino de los Cielos! 57 Llamáis todos Nochebuena a esta noche y Yo derramo lluvia de bendiciones sobre todos mis hijos. 58 Sabed que Yo soy vuestro y vosotros míos. Recordad que os probé mi amor viniendo a vivir entre vosotros los humildes, naciendo en la pobreza, luchando entre abrojos y muriendo en la ignominia. 59 De Mí no podéis decir que no os comprendo, porque no sólo he visto vuestros dolores sino que los he vivido. 60 Os hablo también de los ancianos, de aquéllos que ha tiempo dejaron la primavera de la vida y ahora sienten el frío del invierno. Con la vejez va faltándoles la fuerza, la energía, la salud; el trabajo se hace pesado, los miembros se tornan torpes y ya no se les solicita para desempeñarlo. 61 Así, los ancianos se ven excluidos de la lucha de los demás, se ven abandonados, y su corazón abatido tiene que hundirse en la tristeza y tiene que conocer la necesidad, la miseria, el hambre, la soledad. Os hablo de ellos, porque necesitan también de vuestra ayuda y consuelo. Amadles, pueblo, y tendréis derecho a sentaros en la gran mesa del banquete espiritual, donde os diré: Bienaventurados vosotros que a imitación del Maestro supisteis comprender a todos los que sufren. 65 ¿Será posible que el corazón de los hombres no se conmueva ante los grandes cuadros de dolor y de miseria que presenta esta Humanidad? Sí, sí es posible; Yo veo a los que no padecen miseria acariciar con su mirada las riquezas que poseen, con más cariño que a los seres, hijos de Dios. 66 Pueblo amado: Me habéis acompañado en estos breves momentos a visitar a los necesitados, por ello, benditos seáis; no creáis que me olvido de los ricos y de los poderosos, porque aunque en apariencia no me necesitan, Yo soy quien mejor sabe su miseria y sus amarguras y quien mejor conoce sus desgracias, pero hoy creen tenerlo todo; entonces, ¿para qué acudir a Mí si soy, según ellos, el Cristo de los enfermos, de los parias, de los tristes? No saben que mi misión es salvarlos del falso esplendor para darles la verdadera y eterna felicidad. 67 Además de vosotros, ¿sabéis quién ha escuchado con ternura mi palabra y ha sentido vibrar de amor su Espíritu? María, pueblo amado, el Espíritu materno que habita en el seno del Creador y cuya esencia estará siempre unida al recuerdo de Jesús. 68 Su paso por el mundo, aunque más largo que el mío, porque llegó antes y se fue después, fue corto; sus palabras breves y dulces fueron una caricia celestial. 69 Sentidla en Espíritu, amadla y buscadla espiritualmente; sabed que, en cuantas obras de caridad hiciereis, Ella estará con vosotros, que sobre el mundo doliente y sangrante tiene extendido su manto de intercesión y de ternura y que en cada una de vuestras quejas o pesares podréis escuchar una voz que os responde con ternura: No temáis, aquí estoy Yo, confiad. 70 Así, pueblo, habéis estado Conmigo; mi hálito ha penetrado en vuestro corazón en esta noche bendita y os he hecho olvidar toda penalidad.
Baje a su computadorauna copia gratuita de este libro
Suscríbete para recibir gratis via email nuestro boletín mensual"El Pequeño Labriego"
webmaster el pequeño labriego 1998