HUMANIDAD:
UN MOMENTO DE REFLEXIÓN

Humanidad: Yo sólo sé deciros que lo que es mío no lo dejaré perder, y vos Humanidad sois mía. Os amo desde antes que fueseis y os amaré eternamente.



p r ó l o g o

Reconoced que cuando habéis caído en error, vais buscando la muerte, sin comprender que habéis sido creados para vivir. Vais tras del cáliz de amargura, cuando he sembrado de elevados deleites y de verdaderos goces vuestra vida. En mi palabra existe la miel, para endulzar vuestra existencia y apartar la amargura que ha sido por mucho tiempo, el triste sabor de vuestra vida

Esta tristeza, se ha convertido en clamor que ha llegado a la altura de los cielos, como un grito angustioso y desesperante. No digáis que el dolor es vuestro destino, porque no nacisteis para sufrir. El destino tiene la piedad que Dios ha puesto en él, el destino de los seres, está lleno de bondad divina. Vosotros no encontráis muchas veces esa bondad porque no la sabéis buscar.

El dolor, es solamente la consecuencia y fruto de lo que el hombre ha sembrado. Dios en su perfección, no castiga, ni existe la menor injusticia en su sabiduría. No es castigo divino, el dolor de este tiempo, como muchos en su ignorancia espiritual piensan, es la mano del hombre quien ha desatado la justicia sobre sí mismo.

Este mundo que debiera ser el hogar de una sola familia que abarcara a toda la humanidad, es manzana de discordia y motivo de absurdas ambiciones, traiciones y guerras. La humanidad, ha dejado que su corazón se envenene con la rebeldía, la amargura, el materialismo y las bajas pasiones.

Si todos buscaseis ser justos y buenos, pronto se transformaría este valle de lágrimas en un mundo de elevada espiritualidad. Si la Humanidad soberbia e insensata meditase y orase, se daría cuenta hacia dónde se está encaminando y detendría sus pasos; mas no puede hacerse plena luz en su espíritu, porque le ciegan los odios y las ambiciones.

Todo en ella, es superficial, falso, ostentoso, exterior. Por eso su poder espiritual es nulo, y para suplir la fuerza y desarrollo de su espíritu, se ha entregado en brazos de la ciencia, desarrollando la inteligencia, donde nunca encontrará la verdadera paz del espíritu, ni mucho menos solución a sus problemas.

Este siglo que vivís, presenta dos fases: una, la evolución de la mente y otra del estancamiento espiritual, sin embargo, no permitiré que esta humanidad a quien tanto amo, vaya más allá de su materialismo. Esta humanidad, no se da cuenta del tiempo en que vive, porque si lo supiera, ya las manos homicidas se hubieran detenido, habría oración y temor, habría perdón entre los hombres y habría arrepentimiento; mas nada de eso existe; cada día se rompen lazos de amor entre los pueblos, la espiritualidad y la moral han sido rechazadas, solo existe una lucha sorda de odios, egoísmos y ambiciones. En medio de esa lucha, la muerte recoge una diaria cosecha de vidas.

Los hombres ambicionan el saber, la gloria, la fuerza, la riqueza y el poder. Y Yo vengo a ofrecerles los medios para alcanzarlo todo, pero en su esencia, en su verdad espiritual, no en lo superficial y en lo artificioso del mundo, no en lo pasajero ni lo engañoso. Vivíd sencillamente, cumpliendo con todo lo justo dentro de lo humano, así como todo lo que se refiere a vuestro espíritu. Apartad de vuestra vida lo superfluo, y lo nocivo. Comprended que el amor, la justicia, y la caridad, no están reñidas con el modo de vivir en vuestra época, son virtudes propias de los seres adelantados en espíritu.

Sé que ahora os sentís muy distantes del amor, de la paz, de la armonía, de la fraternidad, y tenéis razón, porque es tan diferente en cada hombre el concepto sobre Dios, sobre la vida y la verdad, que tal parece que fuesen muchos dioses y que existe un Dios para cada quién.

¿Es que no Habeis observado en el Universo y dentro de la naturaleza que os rodea, como todo obedece a un solo principio, como todo sigue un mismo orden y todo armoniza en una sola Ley? La verdad es una y es eterna, sin embargo encuentro a la humanidad predicando diferentes verdades.

¡Cuánto ha abandonado la humanidad a su verdadero y único Dios, ésta es la causa de tanto sufrimiento! Sois como avecillas perdidas que en vez de trinar, gimen angustiosamente. Qué distinta sería vuestra vida si en vez de inconformidad e incomprensión, vuestro primer pensamiento cada día fuera para bendecir a vuestro Dios, y vuestras primeras palabras, para agradecer tantos beneficios que os brinda su amor, pero el materialismo, ha perturbado a vuestro espíritu y pensamiento



Continúa



Suscríbete para recibir gratis
via email nuestro boletín mensual
"El Pequeño Labriego"



webmaster el pequeño labriego © 1999-2003